Arrecia la hojarasca y te despeina.
Festejas del otoño su hermosura,
vuelas violeta, pierdes la cordura,
te rechaza lo inmortal y eres reina.
Observas que te observo, vida mía,
y tú me miras como un haya roja,
poética llovizna que no moja.
La luz desde su nido nos espía.
Llegar a casa por estos caminos
perdidos, con nieve y risa en los huesos:
no cabe felicidad más sublime.
Arrecian torvas bestias y felinos,
persiguen con ahínco nuestros besos:
tu espalda es mi locura cuando gime.