I
Por vuestra yerma culpa,
juzgado yace el orbe
en el umbral del lamento mudo,
en la voz del pecado doloroso,
donde toda verdad desfallece,
y el gélido soplo del nefando
lame la entraña del día,
como uva seca que cae.
Allí, en puntadas innumerables,
bajo las demoras del Fresno,
sopláis con lengua de hierro
como sátrapas tejedoras;
sombras insondables,
aire umbrío de la perdición,
frío de lo ignoto,
aliento helado del arcano,
en que rasgáis toda canción
y apagáis el fulgor del viento.