LO QUE NO SE CUENTA
Quedan tantas palabras por decir
y tantas cosas
que cierren el epílogo
de un día que parece terminar,
que nada es suficiente
ni bastante preciso
para especificar sus conclusiones.
Me figuro a menudo
que todo acaba bien,
que he podido explicarlo
con pelos y señales,
(en realidad ni quiero
ni creo conveniente hacerlo así,
salvo en defensa propia, por supuesto)
y, al cabo, soy consciente
de que faltan detalles,
impulsos reprimidos, pensamientos ocultos
que no siempre coinciden con mis actos.
Se ve lo que sucede, nada más,
para que todos crean
sólo lo estrictamente necesario.
Paul Auster lo pensaba
cuando lo explicitó en su trilogía.
Entonces comprendí
que no todo se cuenta,
que los muertos no fueron, cuando vivos,
tal y como nos narran sus memorias.
Para ser más exactos,
eso que nadie sabe ni supo ni sabrá,
la historia paralela
que al no haberse contado
no es parte, ni siquiera,
de las notas al margen de lo escrito.
Simplemente, no existe sin su autor,
pues no tuvo editor
ni fecha
ni lectores
que puedan conocer lo singular
de lo que nunca nadie confesó.