El abismo inmediato, de Pablo Conejo Pérez

El abismo inmediato, de Pablo Conejo Pérez

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Fuego de Santelmo

 

 

 

Sé que mis otras voces rebajarán mi credo

de ser lo que no he sido ni ser lo que seré.

Vivo las madrugadas cuando aún no ha amanecido

y muero en los ocasos antes de atardecer.

La vida me transcurre, me burla, me suplanta

y se pone del lado de las contradicciones

que jalonan mis pasos dados a mi pesar;

los destellos sin luz que anota la torpeza,

los peligros sin tino que la audacia no advierte,

las andanzas trenzadas en los camaranchones

donde anida la culpa.

 

Sé que mis cuatro prismas dirán que lo que digo

no es más que la inventiva de todo lo que fui,

la imagen fragmentada de una atomización

que dispersó mil gotas infinitesimales

y curvó el arco iris en la espalda del sol.

 

 

Saben de mi alianza venal con los veneros

que conducen la savia hasta los manantiales

donde bebe Selene y se escorza la luna

en el cristal del agua.

 

Saben que mi artificio es un haz de colores

donde se magnifican los fuegos de San Telmo

cuando la luz incide en las gotas perladas

y refracta los versos teñidos de azabache.

 

Sé que mis cuatro esquinas explorarán el aire

para buscar el rastro de mis debilidades

hasta encontrar el nexo de mí con los volcanes

que vomitaron humo,

antes de que la lava,

fundida,

incandescente,

deslizara su lengua teñida de carmín.

 

 

Saben             que mi intendencia es sólo el negativo

de un carrete analógico

donde pasó la vida en miles de disparos.

Y saben que la esencia está en los fotogramas

de un instante fugaz:

El gesto impertinente de un niño prevenido,

la luz en una niña con la puesta de sol,

dos tirachinas blancos colgados de un camino,

los mofletes de Mowgli con su perro tribal.

Cuelgan los fotogramas en la casa olvidada

como cuelgan los versos en las horas sin luz.

El tiempo se intercambia, se sucede, se oculta

y aparece la vida lejos de cuando fue

para cobrar presencia dentro de una mirada.

Sé que mis descendientes rastrearán el tiempo

en busca de poemas con bolas de alcanfor.

Saben que mi inclemencia esperará,

clemente,

hasta ver que las notas copulan con los versos

para bailar la danza de los héroes de barro.