Mañanas diferentes
Quise dejarme seducir por cantos de gorriones
sin reparar apenas en la nueva corriente
de mis propios sentidos, antes dejados a su albur
y ahora claudicados sin condición alguna,
ante un mundo distópico de cielos blanqueados
por los negros aviones del Averno,
dispuestos a matar a todo lo que estorba.
Tampoco el sol refleja la verdad al desnudo
y cuando cae la noche y la luna se esconde
de un cielo casi muerto,
no me quedan arrestos para salir ileso
de la trampa satánica
consumada por los adoradores del infierno,
bebedores de la sangre de los niños
arrebatados a una historia que ellos no contarán.
Y vuelve a amanecer como si nada.