La vereda de la noche
Me enseñaste a encontrar la vereda de la noche.
A columbrar las luces cercanas
para contarle a las más lejanas
qué es mi vida.
Mi vida es hacerte reír sin que me mires.
Acariciar los pétalos de una flor
y contarte a cada instante lo que siento.
Compartir en la noche o en el día
los azules del cielo,
los colores luminosos que salen de la huerta,
las miradas cómplices sin decirnos nada.
Cuando comienza la noche vuelvo a esa vereda,
las luces lejanas se quedan
con un trocito de nosotros
y los farolillos de cerca se recogen
como clavelinas.
Y así se suceden los astros,
mientras me acerco al misterio de la poesía
anhelando nuestra ciudad encantada.