PRELUDIO
¿En qué momento el valor de los hombres
se dejó de medir por la grandeza de sus corazones?
¿En qué momento se dejó de hacer caso al grito del corazón?
¿Qué dicha aguarda a los hombres de corazón silencioso?
¡Que no paren las canciones hasta que se agote el alma!
¡Que su belleza y su verdad contravenga
la oscuridad es estos aciagos días!
¡Que la voluntad de mi corazón
se guarde del frío hierro de la desesperación,
devenido del invierno impostado por aviesas manos!
¡Clamarán los corazones de la primavera, tornarán
las voluntades hacia el fulgor de la semilla,
sus tan ansiadas esperanzas!
¡Volverán las vastas praderas,
verdes corrientes de ropaje esmeralda
y vagos serán los recuerdos de miedo y hiel!
¡Nobles y honrosos serán los peregrinos
que escrutaron sus caminos con voluntad clara y sincera
devenidos por verdes y frondosos destinos!